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Alexia

Alexia caminaba con una pesada bolsa pagando sus culpas, en la primera que visitamos no aceptaban ese tipo de mercancía, mas yo estaba segura que en la próxima nos la quitarían de las manos, pensábamos pedir una buena cantidad, además estaba casi nuevo, bueno una sola puesta aunque realmente este tipo de prenda se usa una sola vez, ella exageraba al decir que estaba pagando, pero a mi juicio ella ya había pagado demasiado. En la acera llena de peatones, me dio por preguntar por el causante de las culpas, no tenía muchas referencias, pensé que no quería hablar, pero ella misma me dio a entender que era etapa superada. En la segunda tienda después de caminar una pequeña cuesta tampoco aceptaban la mercancía. Nos dieron referencia de una tienda en Sabana Grande, pero de solo imaginar el troper de gente a pleno medio día las ganas de conseguir un dinero extra se estropearon, además no era seguro, sabíamos que alquilaban pero no que compraban. Decidimos regresarnos a la oficina, no sin...

Entre dormida y despierta...

No, en el pequeño espacio que esta debajo de la escalera no me puedo esconder, pero, ¿qué hago?, donde me escondo, debajo de la cama es el primer lugar que buscaran, y después debajo de la escalera, ese pequeño hueco, con la piel de la pared enverdecida por el moho, allí no puedo meterme. Debería tener un paralicer, y cuando esos mal nacidos, o ese, abran la puerta de mi habitación, me coloco detrás de esta y suaz!!, le echo el aerosol en los ojos, y empiezo a gritar, a pedir auxilio. Pero, por que no ladraron los perros, no puedo ser la única que escuchó esos tres golpes secos de un arma, fue ensordecedor, creo que fue aquí mismo. ¿Y si están en la casa?, pero, ¡¡¡no escucho a los perros!!!, y yo que me estoy orinando, del susto me quiero hacer encima, no quiero salir, tengo miedo, tengo miedo. Necesito un arma, si, un arma, un bate, debería tener un bate al lado de la cama o debajo de ella, así cuando vuelva escuchar algo como esto, ¡Dios!, pero todo me da vueltas. No escucho más na...

TRES RELATOS FEMENINOS.

Hay una arepa en la plancha de la cocina, es de masa blanca; la señora de mayor edad la toma entre sus manos blancas y gruesas, la voltea. Yo estoy lavando los platos, he dicho que estoy a dieta, soy la más joven, mi cena se reduce a una ensalada de tomates,cebolla y pimientos; la mujer de manos gruesas pide que me acerque a la plancha, ella ve la arepa, tiene en sus relieves marrones tres números 672, ahora llamamos a la mujer menos joven, está en su alcoba, se acerca a la cocina y ve la arepa, con claridad se ve el 672, pero yo veo el 673. Estamos las tres en la cocina, hace calor, Eloisa, la menos joven lo manifiesta con el movimiento de sus manos color canela, dice que le da miedo cuando hace calor; habla del terremoto en Caracas en 1967, Bernardina la de mayor edad lo recuerda; dice que durmió con su pequeño hijo de 3 años y su esposo en la calle, 4 días durmiendo entre la acera y la puerta abierta de la casa; yo todavía no había nacido. Eloisa habla de los chistes que se inven...

Lo que piensan algunas comadres!!!

Pleno siglo xxi y Ana esta embarazada. No es por que Ana no pueda estarlo, es una hembra, y lleva consigo órganos reproductores. Ese no es el problema, el problema aquí es que Ana, tiene apenas 16 años! 16! Años carajo, ¿y que le paso?, pues nada comay, qué más pues, se comió el mango y no con eso también se tragó la pepa!. Bueno chica, y ¿Ana no estaba en el liceo pues? ¿Para que se va para allá, no es a estudiar? Allí tienen que enseñarle cómo no salir preñada o me equivoco? Pues si mija, allí se enseña eso, y biología y matemática y castellano pero Ana faltó justamente a esas clases por que ella quiso buscar la práctica antes que la teoría, en la calle. Y que dice la comadre? Pues que va a decir, lo primero fue un mar de lágrimas, hasta por la mente le pasó usted sabe que!. Pero nada, sumó, restó, y el hijo mayor le dijo a la comadre que la ayudaba, así que bueno, Ana va a tener su carricito.Y la comadre va a ser madre nuevamente. ¿Y el padre de la criatura, comay? Otro niño más, pe...

Anécdotas de Marcelina, una niña chuchera.

Marcelina corre, corre; la brisa golpea su pálida cara, sus largas piernas cual gacela marcan la distancia de sus rivales, dos de ellos se detienen; sus respiraciones son agitadas, tienen la lengua de corbata; el otro, testarudo, fuerte, piel morena los mira y avanza, no le gusta para nada la chica. Marcelina pasa a gran velocidad cerca del limonero, se detiene, tres líneas rojas surcan sus brazos, mira hacia atrás ahora es uno que la persigue vuelve a la corrida no sin antes tomar 5 limones y guardarlos en la bolsa, se ríe, se ríe mucho, sabe que es más rápida que ellos, pega un gran salto y se encarama en el paredón, sus pies buscan los huecos que hay en él, toma posición, mira el camino que esta dejando. Su rival molesto, sabe que no puede escalar y sólo le queda pasar sus garras por el muro y ladrar. Marcelina, sentada bajo la mata de mango comienza a contar los frutos prohibidos que tomó del hato: ciruelas, guayabas, mandarinas y limones, fueron pocas las proporciones,...

EL FRACASO DEL HOMBRE ARAÑA.

He clausurado la puerta que da al balcón del patio de mi cuarto, he movido mi cama y he tapado la única vista nocturna al aire libre que tenía .Todo por su culpa, él se ha encargado de que el miedo me abrace y se apodere de mi. Me levanto a destiempo en el momento en el cual sus manos se posan sobre el balcón de mi apartamento, sus pies cual patas de araña se aguantan sobre la ventana del piso anterior. Se oye un grito: _en el piso 3_ (es la consigna), _en el piso 3 de San Nicola_. Son las 4 a.m y todos en casa dormimos cual serpientes invernando. Ya no es un grito, son varios, y el clon del hombre araña, se da cuenta que lo observan, baja muy rápido la pared y junto al cantaor de la zona huyen de su objetivo. (Estabamos todas dormidas,y casi se nos mete un ladrón en la casa).

LOS INADMITIDOS

María de Fátima, empezó a gritarle a la abogada, le decía en portugués, que como le hacían eso, que ella venia a pasear, que ella tenia dinero, se puso a llorar, se le acercó una policía le dijo con su tono muy a lo español, que ella era la policía allí que calmaditos todos, venga!. Le preguntó a la abogada que si le había notificado a las chicas y ella dijo que si. Yo, sentada, veía el alboroto, como muchos otros en la misma condición. Subimos nuevamente a la gran sala de retornados, varias sillas de madera color amarillo, bordeaban las paredes mitad verde mitad amarilla, un televisor en una esquina daba el resumen de la crisis económica en Europa, y nosotros allí, con dinero encima sin poder ayudar, aunque sea un 0.01%. El teléfono, no dejaba de sonar, llamaban en todo momento, lo tomaba el Colombiano y gritaba: Danielle Moreus, nos veíamos las caras no nos conocíamos de nombre si no por nacionalidad: las brasileras, los venezolanos, los uruguayos, los argentinos, los ...