lunes 1 de junio de 2009

Entre dormida y despierta...

No, en el pequeño espacio que esta debajo de la escalera no me puedo esconder,
pero, ¿qué hago?, donde me escondo, debajo de la cama es el primer lugar que buscaran, y después debajo de la escalera, ese pequeño hueco, con la piel de la pared enverdecida por el moho, allí no puedo meterme.
Debería tener un paralicer, y cuando esos mal nacidos, o ese, abran la puerta de mi habitación, me coloco detrás de esta y suaz!!, le echo el aerosol en los ojos, y empiezo a gritar, a pedir auxilio. Pero, por que no ladraron los perros, no puedo ser la única que escuchó esos tres golpes secos de un arma, fue ensordecedor, creo que fue aquí mismo. ¿Y si están en la casa?, pero, ¡¡¡no escucho a los perros!!!, y yo que me estoy orinando, del susto me quiero hacer encima, no quiero salir, tengo miedo, tengo miedo. Necesito un arma, si, un arma, un bate, debería tener un bate al lado de la cama o debajo de ella, así cuando vuelva escuchar algo como esto, ¡Dios!, pero todo me da vueltas. No escucho más nada, ningún paso, otra vez el silencio. Estoy sentada sobre la cama, no sé cuánto tiempo ha pasado, creo son más de las 4:00a.m, está pasando una moto por la calle, es lo único que se escucha, no quiero encender la tele, y si están delante de la puerta? , me estoy haciendo pipi, tengo el vientre como un globo, estoy empezando a sudar frio y no voy a salir, y si están afuera…coñio, pero nadie va al baño? Que va, tengo un pequeño envase que uso para hacerme los pies, allí voy a orinar, no moriré por culpa de ese pendejo que detonó el arma a las 3:30 de la mañana, a una cuadra de mi casa.

Ccs, 26-05-09

miércoles 15 de abril de 2009

TRES RELATOS FEMENINOS.

Hay una arepa en la plancha de la cocina, es de masa blanca; la señora de mayor edad la toma entre sus manos blancas y gruesas, la voltea. Yo estoy lavando los platos, he dicho que estoy a dieta, soy la más joven, mi cena se reduce a una ensalada de tomates,cebolla y pimientos; la mujer de manos gruesas pide que me acerque a la plancha, ella ve la arepa, tiene en sus relieves marrones tres números 672, ahora llamamos a la mujer menos joven, está en su alcoba, se acerca a la cocina y ve la arepa, con claridad se ve el 672, pero yo veo el 673. Estamos las tres en la cocina, hace calor, Eloisa, la menos joven lo manifiesta con el movimiento de sus manos color canela, dice que le da miedo cuando hace calor; habla del terremoto en Caracas en 1967, Bernardina la de mayor edad lo recuerda; dice que durmió con su pequeño hijo de 3 años y su esposo en la calle, 4 días durmiendo entre la acera y la puerta abierta de la casa; yo todavía no había nacido. Eloisa habla de los chistes que se inventaron después del terremoto, nos aconseja que durmamos con ropa, para que no nos agarre como Dios nos trajo al mundo. En lo particular, comento, duermo sin ropa interior y si llegase a pasar algo, salgo igual, en el camino se liberan las cargas, nos reímos; Bernardina comenta que pondrá en práctica dormir sin ropa interior. La verdad, es más fresco.

Somos tres mujeres en casa; casa es a hogar, lo que lápiz es a escritura. Nosotras estamos en casa, pero no sabemos todavía si tenemos un hogar, apenas nos conocemos no somos familia pero podemos serlo y no es por parentesco sanguíneo. La convivencia es la actividad más ardua del ser humano, así se viva en familia los caracteres no son iguales y así haya molestia entre parientes, al final de la tarde ceden, y cada quien como dice mi padre tiene su manera de matar piojos.

Nuestra casa es grande, amplia, cómoda, tiene tres habitaciones; la primera pertenece a Bernardina, una mujer de origen español, blanca, ojos azules, marcada por una belleza, que por los años se ve en las fotos que adornan toda su habitación. La segunda es la mía, está cerca del baño que comparto con Bernardina, soy blanca, delgada con medidas más que un 90-60-90, parezco a Yayita la novia de Condorito, el de la revistas cómicas; mi habitación es un desastre, libros y ropa por todos lados una cama pequeña y una gran ventana. La ultima habitación es la más grande, tiene baño incluido y pertenece a Eloisa 19 años menos que Bernardina y 34 años más que yo. Tres mujeres en casa, Tres mujeres en sus habitaciones, Tres mujeres con sus recuerdos, tres mujeres con sus culpas...

La segunda vez, que pisó la casa, era para mudarse. Bernardina, me dio los Buenos días y yo se los devolví, no voy a negar que me sentí invadida después de estar 15 días a solas con mi silencio. Traía muchas cajas, la ayudaba un muchacho, ella a pesar de su edad podía con unas cuantas; abrió la puerta de su habitación y colocó las cajas dentro de la habitación, mi vista fue al encuentro del rompecabezas que tenia en la mesa, ella cerró su habitación y salió.
Los días siguientes fueron para mí, como cuando estas en preescolar y tus compañeros de clase empiezan a ver, indagar y preguntar acerca de lo que haces o dejas de hacer, sus ojos azules detallaban cada cosa que hacía, situación que me incomodaba a parte de las conversas que creí alguna vez que no llegaban a su fin.
En las tardes después de merendar, Bernardina se sentaba en la sala y dormida contemplaba la tele. Ella me contó su separación después de 30 años de casada y ya anciana dejó a su consorte en un pequeño pueblo de occidente y se vino a la gran ciudad a ver a sus hijos y a comenzar desde cero. Bernardina tiene un carácter dominante y dicho por ella misma, siempre quiere que se haga lo que ella dice, (eso será con sus hijos), no le gusta que la manden y tampoco que le hagan saber sus errores, lo que no se puede negar de Bernardina es su espíritu joven y a pesar de sus 79 años, salta y brinca como una niña de 15. Ella siempre dice que si volviera a nacer, no se casa, tal vez su esposo no fue lo que ella esperaba de la vida en conjunto, pero, esperar tantos años para separarse?. Un mes después llego Eloisa; una mujer reservada, con unos ojos que más que ver lo necesario vivían de un fresco recuerdo, se le veía triste, hablaba poco y a veces caía por despistada. Una tarde como río desbordado, confesó su desgracia, a sus 60 años se había enamorado como una niña; la verdad la palabra enamorarse para mi es un tilín que no termina de llegar, así que seguí paso a paso su ilusión, realmente estaba enamorada, no había conversación por muy corta que fuese sacaba a relucir algo de su amado, las canciones que alguna vez juntos bailaron o escucharon, se convirtieron en pesares. Con el pasar de los meses la ilusión que solo ella mantenía viva, iba convirtiéndose en guayabo, lloraba por un pasado del cual a veces segada por la ira decía que no esperaba nada o casi nada, su ilusión retornaba entonces como el ave Fénix, cuando llegaba a casa, venia de hablar por teléfono con el dulce amado y su estado anímico en los días siguientes era una carrera en zig-zag. Solo ella y Dios sabían cuan grande era su dolor.
Eloisa al igual que Bernardina tuvo una familia, su esposo es ahora su ex y su hija esta casada. Eloisa y Bernardina a coro dicen que si vuelven a nacer no se casan.

Bernardina.
Soy una mujer que ha adoptado esta tierra como mía, vine aquí después de tres años de noviazgo en España, Eduardo y yo nos casamos por poder. No esta demás decir que nunca me faltó pretendientes, pero el amor no sabe de razones y me enamore a los 32 años, él tenía 20. Vivíamos en Catía, tuvimos una niña la cual murió muy pequeña de neumonía en la Maternidad, le pedí mucho a Dios que me diera otro hijo y al año quede embarazada, un niño llamado Esteban. Mi esposo se dejo convencer por sus familiares para montar un negocio y nos mudamos a los Andes cerca de sus parientes. Un primo de mi esposo quedó viudo y nosotros criamos a su hija.
El negocio consistía en un almacenamiento de leche, no voy a negar que el negocio no era prospero, pero con el tiempo todos comenzaron a meter mano nadie se quería hacer cargo de las deudas y mi esposo no supo administrar el dinero. Mas tarde cuando el negocio de la leche no prosperó, Eduardo y yo montamos una bodega.
Nuestra vida de casados transcurrió entre niños y quehaceres más míos que de él, Eduardo no era un hombre mujeriego pero si era de los que tenia muchos amigotes, y esos amigotes influyeron en él.
Los muchachos crecieron se casaron y se fueron a vivir a Caracas. Eduardo enfermó y le diagnosticaron Diabetes, su dieta era estricta así que yo le cocinaba muy sano; cosa que lo enfurecía ya que mis platos españoles eran un manjar negado a su salud. Con el tiempo se puso obstinado, los detalles se esfumaron con los años y el respeto fue algo que se perdió en nuestra vejez. A mis 75 años, me vine a Caracas, sin él, nuestra despedida se reduce a un solo comentario de mi parte: -viejo, me voy, si algún día me necesitas, llámame, para ver si quiero y puedo venir- él, bajó la cabeza no escuché ningún comentario de su parte. Salí de allí con un pequeño bolso, un dinerito que me habían pagado y las ganas de no volver. Me vine a Caracas me pase unos días en casa de mi hija y luego busqué una habitación. Fue duro alejarme de mi esposo y único amor, pero era lo mejor, no podía seguir en el circulo vicioso de dimes y diretes, insultos y groserías, más sin embargo después que me vine lo ayude económicamente en lo que hizo falta, hasta después de su muerte.
En la habitación que alquilé antes de encontrar esta casa, la dueña fue muy amable, al principio, después, pase a ser algo incomodo en la casa, hasta que tuvimos un inconveniente y decidí buscar habitación.
Aquí en esta casa realmente me siento muy bien, vivimos tres personas, una chica y una señora menor que yo, de ellas solo puedo decir que la joven es extraña, algunas veces me trata cariñosamente y otras veces me trata como lo que soy alguien desconocida para ella, las dos somos arianas pero en nada nos parecemos.
La señora Eloisa es un mar de ánimos, me ha criticado el escándalo que hago en las mañanas, yo no creo que haga escándalos, bueno; soy sorda de un oído, producto de una laberintitis de hace años. El problema con Eloisa, que hasta parece loca, es que una de las paredes de su habitación, es la pared de la cocina, trato de hacer poca bulla, pero caramba a las 6 de la mañana es como para estar despierto, verdad?.



Eloisa.
Me crié con mis tíos, mi tío era estricto, a mis prima y a mi nos enseñó, valores y principios que nunca olvido. Salí de casa a los 19 años, con velo y corona. Yo acompañaba a Alfonso, mi ex-marido, por motivos de trabajo a varias partes de Venezuela, nuestra única hija nació en un pueblito de Oriente, puedo decir que allí pasé grandes momentos de mi vida,lo amé, sin embargo, puedo decir que no hay peor amor que el de la vejez. Nos divorciamos cuando nuestra hija ya estaba grande, no compartíamos habitación, ya no hacia falta estar juntos; cuántas veces lo busque, cuántas veces colocó mi mano cerca de mi cuerpo, cuántas veces me rechazó, lo intente y mucho.
Estoy en esta habitación, que es lo único que tengo por ahora, nuestro apartamento fue vendido, más que por el dinero, por no tener algo que nos atará, mala decisión.
Viví en muchos apartamentos, y ahora estoy en esta habitación, lo que me alcanzan lo reales. Llevo 10 años jubilada, así que no me queda mucho por hacer, más que pensar, en mi situación económica y mi amor por un hombre joven, que me conquistó con su cariño, sus palabras tiernas que hacia mucho tiempo que mis oídos no escuchaban, pero él también esta lejos, no me queda más que pensarlo y recordar esa velada en Aruba, cada canción que escucho en mi cuarto, cada paso bailando, estoy llena de él, sus abrazos, sus caricias, soy una mujer que ha vuelto a encontrar el amor. No hay nada más difícil de superar que la muerte de un ser querido y un lejano amor. Ya viví lo que es estar casada, ya cumplí mi rol en esta sociedad, ya crié. Me ato a este amor, por que es la única ilusión que tengo, lo que me queda, es mío, lo sufro, lo lloro y es mío.
De las inquilinas que viven conmigo, puedo decir que la señora de más edad, quiere dominar todo, quiere mandar, lo que no sabe es que esta muy equivocada, aquí cada una tenemos derecho a todo, y las autoridades las tenemos, claro que si, pero en nuestras habitaciones. Nuestra relación es más de educación que de amistad, con quien si me la llevo bien es con la chica; hablamos bastante, ella con sus enredos amorosos, yo recordando el amor. No quiero ser su madre, pero si de consejos se trata se los puedo dar, siempre y cuando ella me preste atención.





Mariana.
Hace 4 años llegué a la capital, me ofrecieron un empleo y lo tomé, estaba recién graduada en una profesión que todavía no ejerzo, viví con unos familiares, al año me mude, había llegado un hijo de los dueños del apartamento con su familia, y la verdad, fuimos pocos hasta que parió la abuela. Mi experiencia familiar fue agradable, nos turnábamos los quehaceres, mi pariente y yo, fuimos buenas amigas, a ella no le gustaba mis amores, y que de amores complicados, peor que una enredadera.

Me fui a vivir a casa de una amiga, alquilaba camas, más no cuarto, me tocó compartir con dos hermanas, las replicas exactas del flaco y el gordo, pero versión femenina, teníamos el cuarto hecho un desastre; según versiones de la dueña, que sufría de limpieza extrema, lo cierto es que un cuarto para tres, era muy pequeño. Hice gran amistad con la gordita, nos confesábamos en las noches, después de un fuerte día de trabajo y estudios, al igual que mi pariente me decía que mis amores eran muy extraños; estar con un chico del cual no se sabia nada, hasta el fin de semana, era una actitud extraña para ella. Las chicas se reían de mi debilidad por la literatura, algunas veces, yo era la última en apagar la luz, me la pasaba leyendo, por eso me gané el apodo de “come flor”, mientras que ellas, la mayoría de las veces comentaban los capítulos de las novelas preferidas, yo no las veía pero llevaba un secuencia de estas. A veces confabulábamos contra el gobierno de la limpieza, tramábamos todo tipo de artimañas, para cuando se acercará el fin de semana, desaparecer de casa, inventando estudios interminables de 2 días. Otras veces, pedíamos a Dios un viajecito corto para la dueña de la casa ó un dulce consorte, para que así, dejará a un lado su visión acusadora hacía nuestro cuarto. Fue uno de mis mejores años, más sin embargo, había dejado a un lado la escritura, necesitaba espacio para mi y mis libros. Mi hermano, mi dulce hermano, me ayudó en la búsqueda de un nuevo hogar, y fue favorable, pagaría un poco más pero bien valía la pena; tendría mi cuarto, y el desastre que sólo yo conservo en éste, sería solo mío. Las chicas de la residencia anterior, no querían que me mudara sola, la verdad nuestra amistad todavía se conserva y extraño aquellos momentos. La flaca, que era ajena a la literatura y a películas poco comerciales me declaró en estos días su simpatía hacia el arte y las letras, esa influencia, me alegró.



La primera en mudarse a aquella casa, grande y espaciosa, fui yo, mi extrema soledad saciable duró 15 días, hasta que llegó, la que yo pensaba iba a ser una estudiante, me equivoqué y se equivocaron mis estadísticas, una señora, mejor dicho una vieja señora, 79 años, ¡ Dios!, y después Eloisa, y como quien arreglara la cosa, música de los 60, 70 y 80.


He sentido la soledad de estas mujeres, aunque vivimos solas, tenemos familia, lo diferente en esta casa, son las situaciones de cada una, no es fácil cuando se llega a esa edad y las expectativas que algunas vez se tuvo de estar al final del viaje tomadas de la mano con su pareja, viendo la tele o sintiéndose acompañadas en la cama, se desvanezcan.
Sé que el amor se acaba, pero, también sé, que existen métodos para no caer en la rutina, para avivar el amor, lo importante es que los dos quieran, lo importante es no defraudarse. Lo importante es vivir aunque no sepamos por donde comenzar, lo importante es desear lo que tenemos porque no sabemos cuando se nos va de las manos.
Lo importante es amar que estamos vivas, a pesar de nuestras edades, a pesar de nuestros recuerdos.
Aunque nos muevan la fe.
11-02-2005

viernes 30 de enero de 2009

Lo que piensan algunas comadres!!!

Pleno siglo xxi y Ana esta embarazada. No es por que Ana no pueda estarlo, es una hembra, y lleva consigo órganos reproductores. Ese no es el problema, el problema aquí es que Ana, tiene apenas 16 años!
16! Años carajo, ¿y que le paso?, pues nada comay, qué más pues, se comió el mango y no con eso también se tragó la pepa!.
Bueno chica, y ¿Ana no estaba en el liceo pues? ¿Para que se va para allá, no es a estudiar? Allí tienen que enseñarle cómo no salir preñada o me equivoco?
Pues si mija, allí se enseña eso, y biología y matemática y castellano pero Ana faltó justamente a esas clases por que ella quiso buscar la práctica antes que la teoría, en la calle.
Y que dice la comadre?
Pues que va a decir, lo primero fue un mar de lágrimas, hasta por la mente le pasó usted sabe que!. Pero nada, sumó, restó, y el hijo mayor le dijo a la comadre que la ayudaba, así que bueno, Ana va a tener su carricito.Y la comadre va a ser madre nuevamente. ¿Y el padre de la criatura, comay?
Otro niño más, pero el padre de este dijo que también ayudaba, vamos a ver, como diría el cieguito, cuando tengan el bojote en la mano. ¡¡Comay, no diga eso, no sea incrédula!! ¡Ay mijita!, el tiempo lo dirá.
Bueno comay y usted y yo no parimos a los 14 pues?
Aja si, a los 14, pero en que año comadre? Y también teníamos esposo comadre, por que no andábamos saltando la meca y la seca por allí, y no había estos métodos nuevos de evitar muchacho, y no tuvimos titulo de algo comadre por que en el pueblo no había bachillerato, nuestras madres nos enseñaban a atender bien a nuestros esposos, nos preparaban para eso. Además, usted sabe comadre que si alguien en el pueblo salía preñada, el padre de la víctima iba rapidito a buscar al culpable ¿y que pasaba? los casaba comadre y lo hacia responsable de la criatura.
Pero los tiempos son otros, y aquí la que sale preñada pierde.

viernes 26 de diciembre de 2008

Anécdotas de Marcelina, una niña chuchera.

Marcelina corre, corre; la brisa golpea su pálida cara, sus largas piernas cual gacela marcan la distancia de sus rivales, dos de ellos se detienen; sus respiraciones son agitadas, tienen la lengua de corbata; el otro, testarudo, fuerte, piel morena los mira y avanza, no le gusta para nada la chica.
Marcelina pasa a gran velocidad cerca del limonero, se detiene, tres líneas rojas surcan sus brazos, mira hacia atrás ahora es uno que la persigue vuelve a la corrida no sin antes tomar 5 limones y guardarlos en la bolsa, se ríe, se ríe mucho, sabe que es más rápida que ellos, pega un gran salto y se encarama en el paredón, sus pies buscan los huecos que hay en él, toma posición, mira el camino que esta dejando. Su rival molesto, sabe que no puede escalar y sólo le queda pasar sus garras por el muro y ladrar.

Marcelina, sentada bajo la mata de mango comienza a contar los frutos prohibidos que tomó del hato: ciruelas, guayabas, mandarinas y limones, fueron pocas las proporciones, si no fuera por esos tres feos perros, dos grises, uno marrón; son pequeños, sabe que crecerán por eso la gran ventaja al correr; se ríe, se echa bajo el frondoso árbol y mira al cielo, juega con las nubes todas tienen forma de frutas y animales, allá va un gajo de uva se saborea la boca, pela una de las mandarinas y piensa que frutas como esas no pueden comerse a escondidas su olor es tan penetrante, tan exquisito y de nuevo saborea...

El otro día la abuela de Marcelina la mandó al mercado a comprar un melón, bueno, eso fue lo que ella escuchó, en el camino se tropezó con unos chicos que estaban jugando carnaval, de nuevo tuvo que correr para que no le pegaran una bomba. Agitada entró al mercado y observó las delicias de frutas, ¡ahh! como recordaba el campo... Ni modo, tomó el más grande y delicioso melón y se lo llevo; esta vez tomó un atajo para despistar a los chicos, al llegar a casa le entrego el melón a la abuela, esta puso cara de no saber, y le preguntó:- Marcelina, que hago con este melón?- Marcelina extrañada pensó que su abuela ya estaba perdiendo los papeles y muy cariñosamente le explicó que debía lavarlo, pelarlo y luego meterlo en la licuadora para que saliera un rico jugo, la abuelita hizo movimiento de aceptación, sin embargo le preguntó por el mandado, Marcelina ya confirmaba que la abuela estaba loca, y le dijo: -abuelita esto es un melón, tu quieres un melón-, la abuela no se pudo contener y se echo a reír, - ups,- dijo Marcelina; la abuela le comentó –si, sé que este es un melón, (señalando la fruta) yo lo que quiero es un velón para prendérselo a los santos-; ahora reían las dos, a Marcelina no le quedo más remedio que irse a limpiar los oídos y luego preparar sus piernas para ir a gran velocidad al mercado a cambiar el melón por el velón.

No puedo dejar de comentar que Marcelina era muy traviesa, recuerdo la vez que iba a la bodeguita a dos cuadras de su casa a comprar dulces, era atendida por un anciano, vivaracho él, era un establecimiento pequeñito con todo apretujadito y con olor a madera vieja; para que los niños fuesen a comprar, hacia sorpresitas, esto consistía en un pedazo de cartón enrollado con algún número adentro y al sacarlo había en la pared juguetes con ese número, Marcelina vio cuando uno de los niños se ganó una muñeca, detalló el número en el papel y los juguetes que quedaban y se fue a casa.
Marcelina, (como si no la conociera), pues bien, la niña buscó el material que utilizó el viejo, colocó el número del juguete que quería y se fue a la bodega, en el camino iba pensando como hacerle la trampa al anciano, iba pidiendo que hubiese mucha gente en la bodega para poder hacerlo, así fue, pidió su sorpresa, mientras el anciano iba a la nevera a buscar la pepsi-cola de un joven, Marcelina la abría con gran rapidez, mayor sorpresa recibió ella al descubrir que el número en el papel era el que ella deseaba, se alegró mucho, desecho el falso pidió su muñeca y se fue a casa.
Una vez no tenía dinero para comprar chucherías se llegó hasta la bodega le pidió al anciano que le regalara un cheese gui, el viejo le dijo que si, con la condición de que le diera un beso en la mejilla, Marcelina asintió, también puso su condición, que colocará el pepito encima del mostrador, así se hizo, no falto más que el anciano colocará el pepito en el mostrador y acercará su mejilla, Marcelina agarró el pepito olvidó la condición del viejo y salió corriendo, pasaron muchos días para que Marcelina pasara por la bodega.

miércoles 19 de noviembre de 2008

EL FRACASO DEL HOMBRE ARAÑA.


He clausurado la puerta que da al balcón del patio de mi cuarto, he movido mi cama y he tapado la única vista nocturna al aire libre que tenía .Todo por su culpa, él se ha encargado de que el miedo me abrace y se apodere de mi. Me levanto a destiempo en el momento en el cual sus manos se posan sobre el balcón de mi apartamento, sus pies cual patas de araña se aguantan sobre la ventana del piso anterior. Se oye un grito: _en el piso 3_ (es la consigna), _en el piso 3 de San Nicola_. Son las 4 a.m y todos en casa dormimos cual serpientes invernando.
Ya no es un grito, son varios, y el clon del hombre araña, se da cuenta que lo observan, baja muy rápido la pared y junto al cantaor de la zona huyen de su objetivo.

(Estabamos todas dormidas,y casi se nos mete un ladrón en la casa).

jueves 16 de octubre de 2008

LOS INADMITIDOS


María de Fátima, empezó a gritarle a la abogada, le decía en portugués, que como le hacían eso, que ella venia a pasear, que ella tenia dinero, se puso a llorar, se le acercó una policía le dijo con su tono muy a lo español, que ella era la policía allí que calmaditos todos, venga!. Le preguntó a la abogada que si le había notificado a las chicas y ella dijo que si. Yo, sentada, veía el alboroto, como muchos otros en la misma condición.

Subimos nuevamente a la gran sala de retornados, varias sillas de madera color amarillo, bordeaban las paredes mitad verde mitad amarilla, un televisor en una esquina daba el resumen de la crisis económica en Europa, y nosotros allí, con dinero encima sin poder ayudar, aunque sea un 0.01%.

El teléfono, no dejaba de sonar, llamaban en todo momento, lo tomaba el Colombiano y gritaba: Danielle Moreus, nos veíamos las caras no nos conocíamos de nombre si no por nacionalidad: las brasileras, los venezolanos, los uruguayos, los argentinos, los paraguayos, los uruguayos, el de Malasia, los de Senegal.

Yo hablaba de vez en cuando por teléfono pero sabia que nada de lo que me enviaran iba a servir, debí haber traído conmigo los estados de cuentas, haber pagado completo el hotel, pero ya estaba hecho, para ellos carecía de documentación que justificara mi estadía allí, todos éramos inadmitidos. Hay gente que pasa horas en ese lugar, eso depende de si le consiguen vuelo ese mismo día, de lo contrario duermes allí.

Llegué a Madrid, en el vuelo UX072, con Aireuropa, a las 11:30 a.m, bajé del avión y fui a retirar mi maleta, antes tuve que pasar el control de la policía, vieron mi pasaporte, me preguntaron cuanto llevaba de dinero le dije: 500 Euros en efectivo y 800 en tc, pues me dijeron que iban a confirmar mi reserva, que a que iba a Madrid, pues de vacaciones le contesté, no me vine a quedar, me dijo que me retirara, que iban a chequear, hicieron muy poco, no confirmaron, no averiguaron nada, te pasan con otro policía, subes unas escaleras, te vuelven a preguntar lo mismo: ¿qué si tienes familia?, amigos? allí. Que de qué trabajas en Venezuela?, preguntas que quedan en el olvido, tu defensa no sirve de nada, ponen lo que ellos quieran. Te llevan a la gran sala, no sin antes quitarte tus pertenencias algunas veces es una policia rubia española que te trata bien, otras: una marimacho, grotesca y grosera. Y si no llevas tu maleta contigo te dejan con la ropa puesta hasta que consigan el avión de regreso. Una vez que estas allí, da por hecho que vas de nuevo a casa, sin pasar por Go y cobrar 200.

El día que llegué, había 3 venezolanos en la misma situación, una comerciante maracucha, no la dejaron por que no tenía los comprobantes del banco que justificara el dinero. La otra venezolana por lo mismo, pero cuando no era por una cosa era por otra. Podías tener todo, carta de invitación, pago de hotel, justificativos, sin embargo el trasfondo de no dejarnos pasar es simple: éramos mujeres, solteras, por primera vez viajabamos al exterior y eso pesa mucho en el control policial de la frontera del aeropuerto de Madrid-Barajas, creen que vas a quedarte.

Revisando algunos artículos de la página web: Madridiario entre otras cosas me topé con el siguiente perfil de inadmitido: …”El perfil del inadmitido suele ser una persona de origen sudamericano que acude a España sin billete de regreso a su país, sin carta de invitación o sin dinero. La cantidad económica que se requiere a los inmigrantes asciende a un total de 540 euros para los primeros nueve días, y 60 euros diarios más cuando se cumple este primer plazo. Yo tenía mi ticket de regreso, y tenía el dinero, e iba de vacaciones, mi error fue en no cancelar completamente la estadía, solo 4 por que pensaba irme después a Barcelona. Abajo la información:

http://www.madridiario.es/2008/Julio/madrid/madrid/89245/sala-inadmitidos-barajas-plazas.html

Ó también puede ser este articulo donde una familia chilena ha sido retenida en el aeropuerto de Barajas, por no portar carta de invitación y los familiares al ir hasta el ayuntamiento a solicitar la tan mencionada carta los policías le han notificado que los chilenos no lo necesitan...

http://www.madridiario.es/2008/Abril/madrid/sociedad/72315/familia-chilena-barajas-carta-de-invitacion.html

O este blog, donde habla de la gira de São Paulo Underground por España. http://yosoybrian.blogspot.com/2008/06/so-paulo-underground-retenidos-en.html

Ayer he regresado a mi país, me han montado primero que los otros usuarios en el avión ,nadie sabe que eres un inadmitido, sólo al final unos cuantos se dan cuenta, por que sale uno de tráfico aéreo a recibirte, la aeromoza le entrega los pasaportes, la de trafico aéreo junto al de inmigración de la onidex, caminan contigo hasta a la oficina de inmigración donde te pregunta la jefe del servicio del grupo b, ¿por que te inadmitieron?, te hacen un acta y te la dan junto con el pasaporte. Después de esto recoges tus cosas, vas a buscar la maleta y nunca llega, por que a los inadmitidos y otros pasajeros también se les ha quedado la maleta en Madrid. Haces el reclamo, esperando que llegue en buen estado. No te has dado cuenta, pero miras el pasaporte, y en la hoja que marca tu primer vuelo al exterior, hay un sello del aeropuerto de Madrid-Barajas con una gran X encima. Solo le faltaba 3 meses para vencerse. El otro chico que andaba en lo mismo que yo, estaba que botaba espuma por la boca, el tenia todo menos dinero en efectivo, y, sí, el iba a casarse y a quedarse.

No pienso terminar mis vacaciones triste, ya eche las lágrimas pertinentes al caso.

Algo invento, tengo euros, perfumes del duty free, y una tc que usar, pero triste no me quedo!

martes 7 de octubre de 2008

JOSEITO Y SUS AMIGOS.( Isla de Margarita, 2000)


¡Buenos días, doña Clara!, ¿qué tal le parece el día?, ¡estupendo!, ¿verdad?. La brisa fresca de la mañana le dio la respuesta a su pregunta. La mayoría de las veces, Joseito estaba rodeado de viejos, jóvenes, chiquitos, todos absolutamente todos, lo saludaban con cariño. Joseito se sentía orgulloso de tener muchos amigos, aunque hablaban muy poco.
-¿Cómo le va, niño Tomás?, ayer vi a su hermano conversando mucho con usted, ¿lo aconsejó?; sepa que no lo conozco tanto como a usted pero, tiene cara de angustiado. No se preocupe en responder, sé que usted es muy reservado-.
Joseito, siempre estaba pendiente de sus amigos, si les faltaba un poco de agua para calmar la sed, una corta conversación para aliviar las preocupaciones o unas cuantas flores para alegrar el día.
Los amigos de Joseito todas las tardes se reunían para contar sus anécdotas. Vivian en una pequeña urbanización, en casas muy estrechas y juntitas. Joseito vivía un poco lejos de allí, por eso siempre llegaba tarde a las reuniones.
Un día a la hora de la charla, la mayoría de las personas se quedaron atónitos, sorprendidos; Joseito había llegado temprano, ahora el podía escuchar todo lo que ellos decían y formar parte de sus charlas, no se podían negar a contestarle todas las preguntas que por quince (15) años Joseito les hizo y debían agradecerle también por quince (15) años, las veces que Joseito lavó, limpió y colocó flores a sus tumbas.